Principio evangélico que inspira la vida consagrada: compartir lo que se tiene, poniendo en común recursos materiales y espirituales, como signo de fraternidad y testimonio ante el mundo.
Principio evangélico que inspira la vida consagrada: compartir lo que se tiene, poniendo en común recursos materiales y espirituales, como signo de fraternidad y testimonio ante el mundo.