La consagración vivida en frontera, en márgenes y transiciones, como espacio abierto al Espíritu y a lo nuevo. Implica habitar la incomodidad como lugar profético y de fidelidad evangélica.
La consagración vivida en frontera, en márgenes y transiciones, como espacio abierto al Espíritu y a lo nuevo. Implica habitar la incomodidad como lugar profético y de fidelidad evangélica.